martes, 26 de julio de 2016

26 de julio. Imposibles.


No consigo acordarme, mierda. Es tan frustrante que duele, hiere el alma joder. Intento acordarme pero es imposible. Tan solo veo agolparse cientos de miles de recuerdos. Vale, puede que no sean cientos de miles, porque no te conozco en absoluto… Bueno, puede que un poco, pero es simplemente frustrante ya no hablar de lo de siempre. Tu, simplemente eres frustrante. No logro acordarme del porqué. Es frustrante los millones de dudas que te asaltan cuando no puedes tener lo que quieres o lo que piensas que quieres. Casi siempre he sido yo la que ha dejado las cosas de lado, pero ahora que se van por su propio pie, duele, duele tantísimo que no se lo deseo a nadie. ¿Y sabes qué es lo peor de todo? Las preguntas y el qué hubiera pasado si… Si no hubiera sido tan cerrada, tan vacía en ocasiones, tan cruel y a veces distante. 

Eres jodidamente maravilloso, tu, tu existencia, tus rarezas y tus genialidades, aunque por supuesto haría algún reajuste a tu sistema interno, pero si lo hubiese conseguido puede que ahora no estuviera escribiendo eso, porque sería yo quien se hubiera alejado después.  Si lo hubiera hecho, ya no bailarías al mismo son que hasta ahora. Como diría Rae: “Babe, you are not under the radar.” Me has hecho ver que hay todo tipo de gente en un mundo en el que solemos deambular y solo a veces nos detenemos y la observamos.
Que jodidamente maravilloso ha sido conocerte y que hicieras que viera el mundo de otra forma, cambiando los puntos cardinales de mi existencia. Y puede que no te eche de menos a ti, o a tus conversaciones o ni tan siquiera puede que eche de menos tu olor a cigarrillos y cuero, joder que olor tan genial, y joder que bien te sienta. 
Puede que tan solo eche de menos la forma en la que miraba el mundo contigo, puede que fuese eso lo que verdaderamente necesitaba. Alguien, ella, me dijo eso: “Puede que sea lo que necesitas. Salir de tu zona de confort.” Has cambiado la forma en la que me enfrento a la vida, ahora aprecio a la gente especial y la buena música. Dios, si la música, tu música, en eso también eres realmente bueno, todavía escucho algunos de los acordes de The Neighbourhood y la piel se me eriza. 
Puede que eche de menos la forma en la que me hacías entender que la vida no está para agobiarse y para andar por ahí absorbida por el sistema, por la mierda de sistema en la que vivimos, me has hecho ver que vida solo tenemos una y que debería empezar a disfrutarla, por mi. Y eso es lo que hubiera cambiado de ti, tus expectativas de futuro. Dijiste que nunca llegarías a viejo, que me despidiera, que serias como Chris cuando te dije que me asustaba ser Cassie. Y nunca necesite despedirme, no me diste la oportunidad para hacerlo. Ella también me aviso, dijo que tenia que llevar zapatos de plomo, como si un viaje a Venus se tratara, único, diferente, sublime y efímero.
Que cuando pienso en lo que has hecho veo el Yin y el Yang. Has conseguido poner un poco de negro en mi existencia, y parece que está arraigando. En algún momento encontraré el equilibrio que me falta. 
No quiero pensar que me has desgarrado por completo, creo que paraste a tiempo, a pesar que dijiste que no te gustaban en absoluto los médicos, lo hiciste con jodida delicadeza, ni siquiera utilizaste bisturí. Y todavía puedo ver las florituras de tu escritura de artista, todavía me quedan manchas de acuarela en la piel y parecen no degradarse. Los pigmentos no tienen maldito color, son tu vitalidad, y tu devastadora tristeza, y creo que es eso último lo que más me atraía de ti, que estás roto, tanto como yo, o incluso puede que más, que aunque no creo que llegues a decírmelo jamás, aquí nos conocemos todos, podría distinguirlo a cientos de metros, maldita estrella del rock de pelo revuelto. En escasas ocasiones me has dejado mirar dentro, pero te he visto y creo que lo sabes.
Te odio por hacer como si nada, y por hacer que escriba esto, puede que no te lo merezcas, puede que no te merezca, ella también dijo eso. Puede que te esté idealizando, y que tan solo seas un gilipollas, pero he de darte las gracias, por pararte y hacerme ver que merecía algo mejor, que no tenia porque hundirme del todo, y no lo he hecho, no lo he vuelto ha hacer desde entonces y sinceramente estoy muy orgullosa. Gracias por hacer que me topara contigo y por todavía hoy hacerme sonreír, porque los buenos recuerdos si que no los he olvidado, de eso si que logro acordarme y es un placer poder hacerlo. Hay veces que el camino de dos imposibles se toca, pero simplemente seguirán siendo imposibles.

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