sábado, 29 de abril de 2017

29 de abril. ¿Y ahora qué?

En ocasiones nos echamos de menos a nosotros mismos, y tardamos en darnos cuenta de que nos hemos perdido, vagando y girando. Estamos dando tumbos, a tientas. De todas partes nos llegan sonidos guturales, que nos sobresaltan y la tormenta amenaza con precipitarse y empaparnos, dejarnos calados hasta los huesos.

Pero entonces, un respiro, una bocanada de aire, la mano que nos sujetaba la cabeza sumergida en la bañera desaparece, y hay alguien fuera con la toalla, aguardando, aguardándonos. A nosotros, que estábamos perdidos, sin un porvenir. Aparecen cuando más lo necesitas, y por ello creo en el karma. Porque te salvan.

Y me jode tantísimo que tenga que existir alguien para salvarme. Me jode tantísimo que hayas vuelto. Pero en el fondo quería que volvieras.

Ahora viene el siguiente paso, el qué pasa después. Porque ya me he saltado la barrera. ¿Ahora qué? ¿Me quedo, y te vas? ¿Nos quedamos? ¿Huimos?

Sé que no puedo decir nada malo, por que ha sido maravilloso, ha sido como lo quería, y supongo que estas preguntas en otra ocasión no me las hubiera planteado, si lo hubiera hecho tal y como la sociedad nos educa. Cariño, la virginidad es lo más importante de tu vida, tienes que entregarla solo a quien se lo merezca. ¿Y la vuestra? ¿La vuestra no importa? Es estúpido, y humillante para todas nosotras, nos hace frágiles, vulnerables, porque a aquel que la entregamos nos posee y nos arrebata algo muy nuestro. Y estoy harta. Muy cansada de andar preocupándome por vuestra jodida opinión, incluida la tuya. Creo que debo decir más alto lo que me pasa por la cabeza. Y puede que hubiera tenido que esperar. Pero tampoco se muy bien a qué. ¿Al principe azul? Por mi, aunque estuviera cubierto hasta los dientes de purpurina, no creo que hubiera sido mejor, porque joder mi primera vez ha sido maravillosa.

Así que, sociedad, patriarcado, que os den, dejad de imponer estigmas sobre nosotras, dejad que nos liberemos y que hagamos con nuestro cuerpo lo que queramos. Y ahora, espero que nadie me pregunte por el qué pasa después, porque no podemos estar toda la vida sin vivir nuestro presente.

domingo, 19 de febrero de 2017

19 de febrero. Flotar.

Giro, me elevo y me suspendo en el aire, flotando, manteniendo la respiración, por miedo a caer en picado. Por miedo a que los cabes se desconecten y que el telón baje precipitadamente sin dar tiempo a recoger las rosas que el público ha lanzado sobre el escenario, rosas que lo están llenando todo de color y de olor, como tu, que has dejado un rastro con tu aroma. Y lo sé porque ahora huelo a ti, a tu colonia, y creo que es maravilloso.
Pero ahí radica el problema. Bueno solo uno de los problemas que le veo a esto.
Creo que tu perfume es maravilloso, lo creo, pero no lo se, y me gustaría saberlo, me gustaría saber que eres de verdad, porque estoy cansada, cansada de darme de bruces contra un muro cada vez que empiezo algo nuevo. Estoy cansada de que algo nuevo ilumine un camino, lo señale, con luces de neón más brillantes y intensas que la última vez, y cuando emprendo el camino, en la mitad del trayecto las luces se desvanezcan, como si las luciérnagas  hubieran muerto, en un instante, dejándome sola en el camino, teniendo que dar marcha atrás totalmente a tientas, sin guía, sola, otra vez. Y no quiero que vuelva a pasar lo mismo ahora, no quiero ser solo un descanso, un intermedio, un inhibidor momentáneo. 

Pero por otra parte, espero que el camino ni se ilumine, porque se que cuando de verdad lo haga, y desde sus respectivas posiciones, los demás lo vislumbren, muchas cosas van a caer, van a caer y rodar y yo caeré con ellas. En ese momento, la reacción será como la caída de las piezas de un dominó: imparable, y arrasará con todo lo que encuentre a su paso. 

Pero, de verdad que yo tampoco lo entiendo, todo es mucho más fácil. Pero esto no lo va a ser, como siempre, será complicado y seguramente, haga lo que haga me equivocaré. Me equivocaré estrepitosamente. Y ya lo presiento, pero no lo he parado, puede que por ser egoísta, pero yo he tenido voluntad de parar algo que quería que sucediera. Con mi decisión, haré daño a mucha gente y a mi misma también. Pero me gustaría tener todo lo bueno, sin las consecuencias negativas, dejándolo fluir y flotar.