No ha pasado ni un mes, y ya toca vaciarme otra vez, en mil aspectos, y es horrible como parece que se desgarra la piel cada vez. Odio la sensación, y en el fondo parece que me encanta y que consigo disfrutarla, porque si no no entiendo que cojones hago aquí, en esta jodida sala de recreativos que parece que nunca va a parar de encender y apagar luces un paso más allá de donde me encuentro. Y he vuelto a recaer, en muchos sentidos, y en este momento me desgarra por dentro.
No sé si ha sido por ti, por la presión, o por el tiempo; aunque posiblemente se haya revuelto todo y haya estallado. Pero ya te odio a ti también, y hace escasos días que te conozco, y me odio a mi por encontrarte. Tu también estás roto y también te odio por ello. Por encender las luces de un cartel gigante de neon que dice que vaya con cuidado, pero que desde donde me encuentro no hace nada más que decir que me acerque.
Y ya te echo de menos, y también te odio por eso, es cruel por tu parte, el haber insistido, digo. Intenté irme, cerrar los ojos para que el neon no me cegara cuando me hice creer a mi misma que serias uno más; pero insististe en que los abriera. Y mírame, aquí estoy, sin poder hacer nada, no me queda energía, te espero y me destruye, me destruyes. Estas derribando paredes a una velocidad devastadora, como algunos antes que tu, y vas a llegar pronto a un lugar que no quiero enseñarte y te vas a arrepentir de haberme conocido. Pero no te marcharas, claro que no, huiré, todo lo rápido que mis pies me permitan, intentaré destrozar los fusibles que mantienen las luces encendidas.
Y en ese momento deberás cumplir la promesa que dije que me hicieras; si me ves correr, párame, detenme y hazme ver que eres maravilloso, y por qué me gustas tanto y por qué te odio. Enséñamelo todo de nuevo. En ocasiones la otra parte de mi me engulle y hace que me olvide de todo lo maravilloso que hay en la vida. Y a pesar de todo, el haberte conocido, aunque es precipitado, y yo sigo insistiendo en que no va a funcionar, es maravilloso. Tu lo eres, tus ideas, tus acciones, y tus palabras, si, sobretodo tus palabras; fluyen, flotan, se elevan, giran y revolotean en el universo que estás creando, el universo que me encantaría tocar a todas horas, pero del que me separan cientos de kilómetros. Puede que las relaciones a distancia estén destinadas al fracaso, y puede que yo también lo esté. O puede que estés más roto de lo que yo pensaba y que no consiga repararte, o que no me convengas en absoluto, o que los cinco años que nos separan puedan crear una brecha. Pero a pesar de todo, me gustas, me gustas muchísimo, y te echo mucho de menos. Así que si alguien se está proponiendo inventar el teletransporte, que se dé prisa, creo que se haría famoso y querido por una gran multitud.